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El periodista Delimiro Moreno Calderón, penúltimo de derecha a izquierda, recibió recientemente el reconocimiento de la sociedad huilense.

                         Delimiro Moreno Calderón:                                                                                                 Una crónica de comunismo y periodismo

 

                                                                  Jorge Alirio Ríos Osorio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La sencillez y el desparpajo son característicos de su agradable personalidad. Es antioqueño por su nacimiento pero en nada parecido al estereotipo del paisa de carriel y mulera; tampoco se asemeja, de manera alguna, al habilidoso individuo que les echa ventaja a los demás y que encarna a otro estereotipo del folclor antioqueño. Delimiro es un personaje urbano, un hombre citadino; su estirpe no pertenece a la epopeya de la arriería y de la colonización de montañas. Sí es arreador pero de ideas y trajinador de los caminos del pensamiento. Es alguien que se abrió su propio ruta a base de lucha, estudio y talento. Muy bueno para escribir, polemizar y pensar, pero negado para los negocios. No pretendo hacer aquí el recuento pormenorizado de su parábola vital, porque para ello habría que escribir un libro. La prudencia oratoria me impide extenderme en estas palabras, y apenas sí me permite referirme, en forma inconexa, a algunos rasgos de su vida.

Desde muy joven tuvo conciencia de la inequidad social imperante en su tierra natal y en Colombia, y se sintió atraído por las ideas de izquierda en las que veía un medio para luchar contra la desigualdad.

Su claridad mental, nutrida con las lecturas constantes y su cercanía con intelectuales de avanzada de la época, tales como Estanislao Zuleta, Mario Arrubla, Emilio Yunis y Virgilio Vargas, entre otros, lo llevaron a cuestionar muchas cosas que se tenían por verdades indiscutibles y absolutas. Su creencia en la doctrina marxista –que para los revolucionarios de ese entonces era la panacea para la redención de la humanidad-, lo llevaron a desafiar las bases de la religión en que había sido bautizado, conducta esta que escandalizó a su entorno social, incluida la mayoría de los miembros de su propia familia. Su rebeldía tuvo, por supuesto, un impacto demoledor.

Cuando aun no había leído el «Materialismo Dialéctico» de Carlos Marx, y el «Materialismo Histórico» de Federico Engels, se atrevió a poner en duda la existencia de la Divinidad. Tal manifestación de ateísmo, sumado a su ingreso al Partido Comunista, le significó que el párroco del municipio de Bello, su pueblo natal, lo excomulgara sin atenuantes, lo que, desde el punto de vista clerical, equivalía al tiquete de viaje, sin escalas, al infierno.

Lejos de arredrarse ante tan extrema medida, Delimiro armó una fiesta para celebrar «su primera excomunión» en la compañía de sus amigos.

Resumiendo, digamos que Delimiro, en su condición de revolucionario, contribuyó a la organización de sindicatos y lideró a los trabajadores en las huelgas en varias empresas industriales de Medellín, entre otras, Talleres Apolo, Tejidos el Cóndor y Coltejer. Creó periódicos de orientación sindical y en condición de miembro del Comité del Partido Comunista de Antioquia fue uno de los artífices de la alianza entre ese partido con el recién creado Movimiento de Recuperación Liberal, el cual era liderado por Alfonso López Michelsen para oponerse al reinante Frente Nacional. Tal pacto fue una estrategia de los camaradas para obtener los avales para sus candidatos a corporaciones públicas, toda vez que por entonces el partido comunista había quedado por fuera de estas debido a las normas frente nacionalistas de la paridad y la alternación, solo entre los partidos liberal y conservador. Mucha gracia fue el haberle levantado la sanción impuesta por Rojas Pinilla que lo declaró fuera de la Ley. Como condición para apoyar a López, consiguieron que éste aceptara cambiar el rótulo de Movimiento de Recuperación Liberal, por el Movimiento Revolucionario Liberal –MRL-. Por tanto, Delimiro y sus compañeros del P.C. son responsables de que el doctor López Michelsen pudiera venderle al país una falsa imagen de revolucionario, cuando en realidad no era otra cosa que uno de los más caracterizados exponentes de la oligarquía bogotana.

Su imagen de sindicalista de izquierda y su fama revoltoso hicieron que a Delimiro se le cerraran en Antioquia las puertas de cualquier opción laboral. Como si fuera poco, se rebeló también contra el dogmatismo de los líderes nacionales del Partido Comunista, a cuya cabeza estaba Gilberto Vieira. Como consecuencia de esta rebelión, Delimiro sufrió su segunda excomunión no ya de la Iglesia Católica sino del Partido Comunista. Delimiro y sus compañeros fueron declarados «traidores» a la doctrina marxista y «pequeños burgueses», que era el peor insulto de los comunistas de entonces, contra los que no comulgaban sumisamente con la ortodoxia marxista.

Con los espacios laborales clausurados, Delimiro ingresó al periodismo por una poderosa razón: no encontró nada más que hacer. Su amigo el reconocido periodista Alberto Aguirre, que dirigía la agencia France Presse, en Medellín, por solidaridad le ofreció el empleo de traductor de los cables informativos que llegaban del exterior, escritos en francés. Con ayuda de un diccionario bilingüe Delimiro logró desempeñar tal tarea, al principio con bastante dificultad. Esto ocurrió en 1955. Mas adelante, cuando ya había trabajado en otros medios y se había trasladado a Bogotá en 1963 le presentaron a Jaime Ucrós García que andaba en busca de un periodista que quisiera venirse a Neiva a dirigir el Radio Noticiero Impacto, órgano de divulgación del MRL, en el Huila. La presentación tuvo lugar en el famoso café Automático, donde Ucrós estaba sentado a la mesa con unos amigos, junto a una botella de trago. Ucrós le preguntó: ¿Qué se toma? Delimiro respondió: «un aguardiente doble». Esta fue la mejor recomendación profesional. A Ucrós se le iluminó el rostro, y golpeando la mesa, exclamo: ¡está contratado! Así fue como Delimiro Moreno llegó al Huila. De lo cual nos alegramos mucho.

Por las razones expuestas al comienzo no puedo detenerme en el análisis de la labor cumplida en el periodismo por Delimiro, con notable brillantez, en Bogotá y Neiva, durante varios años. Quiero detenerme de manera breve, en su paso por el Diario del Huila, donde cumplió una tarea de tamaño histórico, aunque aún no le ha sido debidamente reconocida. Baste con decir que con su presencia ese medio, desde el punto de vista periodístico, pasó de ser de una publicación de carácter artesanal a convertirse en un verdadero rotativo de gran influencia en el departamento, y por qué no decirlo, en la región Surcolombiana. No resisto la tentación de referir una anécdota de la época. Cierta vez, en una tertulia animada por los efectos euforizantes del Dobleanís, Delimiro nos comentó, medio en broma y medio en serio: ¡Cómo será de verraco el Diario del Huila que sus dueños no han podido acabarlo, a pesar de que han hecho todo lo humanamente posible!.

No puedo concluir sin referirme así sea en forma muy somera a Delimiro, como maestro del periodismo, investigador humanístico de gran categoría, historiador consagrado y autor de por lo menos 10 libros que enriquecen la historiografía y la cultura letrada del Huila y de Colombia. Es, sin duda, uno de los que en mayor medida han contribuido al rescate de la historia del Huila y sus grandes valores humanos. Para la Academia Huilense de Historia, a la cual nos honramos de pertenecer, es un orgullo tenerlo entre sus miembros de mayor prestancia. Por su obra fecunda tanto en el trajinar periodístico como el quehacer intelectual ha sido objeto de reconocimientos y distinciones conferidas por distintas instituciones de elevada importancia. Delimiro es uno de los intelectuales más preclaros y prolíficos de la tierra opita. Es un hombre pobre en medios económicos, pero inmensamente rico en inteligencia, en buen humor, en cultura, en sentido de la amistad y en espíritu generoso.

Domingo, 5 septiembre 2010

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